Mis buenos amigos: ¿Recuerdan la carta que escribí al recién nacido Jesús de Nazaret? ¿Qué me contestó?
Pues sencillamente... esa carta me la devolvió el correo, poniendo en el sobre: "al remitente".
Sí, fíjense que en el sobre, parece que el mismo Jesús puso esa notita que decía: “no soy yo, sino ustedes los cristianos los que deben procurar que nadie sienta frío, ni ausencia de hogar; vuélvase al remitente, para que tome nota".
Por eso, porque Jesús de Nazaret me devolvió la carta que le escribí, me tomé la libertad de enviárselas a ustedes ayer, cerca del nuevo aniversario de su nacimiento, para que todos tomemos conciencia de nuestra responsabilidad: que todos lleguemos de una vez a comprender que Jesús sigue naciendo en cada niño que llora, y sigue naciendo en cada niño que viene a este mundo, y sigue llorando en cada niño que llora, y sigue teniendo frío en cada niño desprovisto de ropa y sigue teniendo hambre en cada uno de los hambrientos.
Es Jesús de Nazaret el que vive hoy en la carne de cada uno de los pobres, y es en esos necesitados en los que nosotros, los cristianos, porque creemos en Jesús, debemos demostrar nuestro amor a Él.
Luego, en el Evangelio nos lo dejará escrito Él mismo cuando diga: "lo que hagan con cada uno de estos mis pequeños hermanos, lo hacen conmigo".
Así que los dejo por hoy, mis buenos amigos cristianos. ¿Quieren escribirle al Niño Jesús? ¿Quieren ayudarlo? Manden la ayuda a cualquier lugar de beneficencia, para que la hagan llegar a los nuevos Niños Jesús, que son los niños pobres, los niños que sufren, los niños que lloran, los niños que tienen hambre.
En nombre de esos niños: GRACIAS.
¡Ah! Me olvidaba: y sobre todo, en nombre del Niño Jesús: ¡MUCHAS GRACIAS!
Alfonso Milagro
La justicia
“Dar a cada quien lo suyo”. Así se ha definido siempre la justicia.
Si vamos a la etimología, justicia proviene del sustantivo latino “ius”, que significa derecho. Es justo el hombre que concede a cada uno sus derechos, lo que le es debido por ser lo que es en todos los órdenes. Por tanto, la justicia consiste en la constante y firme voluntad de dar a los demás lo que les es debido.
La justicia es un valor que acompaña el ejercicio de la correspondiente virtud moral cardinal. Desde el punto de vista subjetivo, la justicia se traduce en la actitud determinada por la voluntad de reconocer al otro como persona. Desde el punto de vista objetivo, este valor y virtud constituye el criterio determinante de moralidad en el ámbito intersubjetivo y social.
Hoy la justicia se muestra particularmente importante en el contexto actual, en que el valor de la persona, de su dignidad y de sus derechos, está seriamente amenazado por la generalizada tendencia a recurrir exclusivamente a los criterios de utilidad y del tener.
La justicia no es una simple convención humana, porque lo que es “justo” no es originalmente determinado por la ley, sino por la identidad profunda del ser humano.
Esta virtud regula las relaciones entre los hombres en sus múltiples manifestaciones: con Dios, con los demás y consigo mismo.
Tenemos que ser justos, primero, con Dios. La justicia con Dios se llama virtud de religión. Debemos dar a Dios honor y gloria. Debemos dar a Dios el primer lugar. Y esto se demuestra en dedicar un tiempo al día para agradecerle la vida, la fe, y tantas gracias que a diario Él nos da en el orden espiritual y material, familiar y laboral. Aquí entrarían esos minutos al día para leer la Biblia y entrar en diálogo con Él. Aquí entraría ese participar activa y fervorosamente de la misa dominical. Aquí también la oración de agradecimiento antes de las comidas. O ese rezo del rosario en familia. Todo esto es justicia con Dios por ser quien es: nuestro Señor, nuestro Padre y nuestro Dios.
Tenemos que ser justos, sobre todo, con los demás. Esta justicia garantiza básicamente el respeto mutuo en el uso de los bienes que Dios nos ha otorgado, que son para todos y que miran no sólo a nuestra utilidad en este mundo, sino también para que nos ayuden a llegar hasta Dios. El Magisterio social de la Iglesia evoca al respecto tres formas clásicas de justicia: la conmutativa, la distributiva y la legal. Dice el Catecismo de la Iglesia católica: “Los contratos están sometidos a la justicia conmutativa, que regula los intercambios entre las personas y entre las instituciones en el respeto exacto de sus derechos. La justicia conmutativa obliga estrictamente; exige la salvaguardia de los derechos de propiedad, el pago de las deudas y el cumplimiento de obligaciones libremente contraídas. Sin justicia conmutativa no es posible ninguna otra forma de justicia. La justicia conmutativa se distingue de la justicia legal, que se refiere a lo que el ciudadano debe equitativamente a la comunidad, y de la justicia distributiva que regula lo que la comunidad debe a los ciudadanos en proporción a sus contribuciones y a sus necesidades” (número 2411). “En virtud de la justicia conmutativa, la reparación de la injusticia cometida exige la restitución del bien robado a su propietario…” (número 2412).
Por tanto, bajando a detalles, se falta a la justicia, y a veces gravemente, mediante el hurto, la rapiña, el fraude, la usura, la extorsión, el plagio, la retención injusta del algo ajeno. Se falta a la justicia, cuando por negligencia se retrasan los salarios o pagos, pudiendo hacerlo a tiempo. Mientras se pueda, convendría pagar al contado, sobre todo a los que lo necesitan, y al día siguiente de terminar el mes.
Sí, falta a la justicia:
• El patrón que retrasa el pago del salario a los obreros, sin causa justa.
• El que se niega a pagar sus deudas pudiendo hacerlo.
• Los que no devuelven las cosas prestadas o las devuelven en mal estado.
• Los que engañan en la administración de bienes ajenos.
• Los que falsifican dinero.
• El que estafa a quien le confió la administración de sus bienes.
• Los que guardan la cosa perdida sin buscar al dueño.
• El que con gastos excesivos se imposibilita para pagar sus deudas.
• Los comerciantes que provocan quiebras ficticias para declararse insolventes.
• El que sabiendo que en el supermercado se ha equivocado la cajera y le ha dado dinero de más, y no hace nada por devolverlo.
Tenemos que ser justos, finalmente, con nosotros mismos. A esto lo llamamos humildad. La justicia con nosotros mismos significa ponernos en el lugar que nos corresponde: ni arriba ni abajo. Y si ahondamos un poco, sabemos que el lugar que nos corresponde es el último, porque somos criaturas de Dios, servidores de nuestros hermanos y además pesa sobre nosotros una realidad profunda: somos pecadores.
Tratemos de vivir esta virtud de la justicia con más conciencia, sobre todo con nuestro prójimo. Y unamos a la virtud de la justicia, la virtud del amor y de la solidariedad. Sólo así superaremos la visión contractual de la justicia, que es visión limitada. La justicia sola no basta. Puede incluso llegar a negarse a sí misma, si no se abre a aquella fuerza más profunda que es el amor.
Fuente: GAMA - Virtudes y valores
Autor: P. Antonio Rivero, LC
Consignas
No puede tener a Dios por Padre, quien no tiene a la Iglesia por Madre. La Iglesia es la obra de Jesucristo y siendo su obra, está destinada a continuar la misión de Jesucristo, que es la redención de la humanidad. Ni Cristo sin Iglesia, ni Iglesia sin Cristo.
Poesía
Amor
Palabra sublime
que hace vibrar corazones,
el encierra lo profundo,
lo sublime y armonioso.
Hermoso e inmenso amor
de madre, esposo e hijo,
hermano, amiga y demás,
Amor a la humanidad,
a Dios en el alto cielo,
a la tierra que nos da
su savia para nutrirnos
y nos cubre cuando al irnos
hacia otro mundo mejor
glorificando al Señor
Padre nuestro en las alturas,
sobre nuestra sepultura
alguien nos deja una flor
eso, eso también es AMOR
Yolanda Corzo
Humor histórico... y muy cierto
Resulta bastante creíble que Cristóbal Colón pudo descubrir América porque era... soltero !!!!
Imaginemos algunos comentarios si hubiese tenido una esposa:
a) ¿Y por qué te tienen que mandar a ti a descubrir América y no mandan a otro?
b) Cristóbal, si sigues con esa tontería de que el mundo es redondo van a decir que me casé con un loco.
c) ¿Cómo que no sabes cuándo vas a regresar de ese supuesto viaje?
d) ¿Y crees que te voy a creer que van a ir sólo hombres?
e) ¿Y porqué no puedo ir yo?
f) Tú inventas cualquier cosa con tal de salir de la casa.
g) Supongo que te van a pagar sobre tiempo y te darán un ascenso, ¿no?
h) ¿Crees que te voy a dejar ir con esa Niña María, que Pinta y se hace la Santa?
i) ¿Crees que soy una tonta para no darme cuenta que te entiendes con esa reinita Isabel que vende sus joyas para darte el dinero?
j) Ah... Cristóbal, antes de que te vayas... ¡déjame algo de dinero!
k) ¡Tu no vas a ningún lado!
El que diga que no ha escuchado nunca frases similares de su pareja...¡¡¡ mienteeeee !!!! ...
Recibido de Sonia Diaz
Meditación breve
Sé un buen amigo. No es preciso que seas perfecto. Basta con que seas profundamente humano, que tengas sentimientos de persona y un gran corazón, que sepas hablar y callar oportunamente; y sobre todo, que sepas escuchar.
Escuchar es interesarse vivamente en el otro.
Comparte tus secretos con el amigo y guarda los suyos con lealtad inquebrantable.
Aprende a escuchar a tu amigo cuando te señale tus fallas, sin sentir resquemores por ello y reconoce que te presta un servicio con su sinceridad.
Escuchar es interesarse vivamente por el otro.
Tiberio López