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Moniciones, Evangelio diario El Santo Rosario Sabias que? Pensamientos vivencias diarias

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Miercoles, 30 de Setiembre del 2009

Lecturas de la liturgia
  • Primera Lectura: Nehemías 2,1-8
    "Si a su majestad le parece bien, déjeme ir a reconstruir la ciudad de mis padres"

     

     

    Era el mes de Nisán del año veinte del rey Artajerjes. Tenía el vino delante, y yo tomé la copa y se la serví. En su presencia no debía tener cara triste. El rey me preguntó: "¿Qué te pasa, que tienes mala cara? Tú no estás enfermo, sino triste." Me llevé un susto, pero contesté al rey: "Viva su majestad eternamente. ¿Cómo no he de estar triste cuando la ciudad donde se hallan enterrados mis padres está en ruinas, y sus puertas comsumidas por el fuego?" El rey me dijo: "¿Qué es lo que pretendes?" Me encomendé al Dios del cielo y respondí: "Si a su majestad le parece bien, y si está satisfecho de su siervo, déjeme ir a Judá a reconstruir la ciudad donde están enterrados mis padres."

    El rey y la reina, que estaba sentada a su lado, me preguntaron: "¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás?" Al rey le pareció bien la fecha que le indiqué y me dejó ir. Pero añadí: "Si a su majestad le parece bien, que me den cartas para los gobernadores de Transeufratina, a fin de que me faciliten el viaje hasta Judá. Y una carta dirigida a Asaf, superintendente de los bosques reales, para que me suministren tablones para las puertas de la ciudadela del templo, para el muro de la ciudad y para la casa donde me instalaré." Gracias a Dios, el rey me lo concedió todo.

     

     

  • Salmo Responsorial: 136
    "Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti"

     

     

    Junto a los canales de Babilonia / nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión; / en los sauces de sus orillas / colgábamos nuestras cítaras. R.

    Allí los que nos deportaron / nos invitaban a cantar; / nuestros opresores, a divertirlos: / "Cantadnos un cantar de Sión." R.

    ¡Cómo cantar un cántico del Señor / en tierra extranjera! / Si me olvido de ti, Jerusalén, / que se me paralice la mano derecha. R.

    Que se me pegue la lengua al paladar / si no me acuerdo de ti, / si no pongo a Jerusalén / en la cumbre de mis alegrías. R.

     

     

  • Evangelio: Lucas 9,57-62
    "Te seguiré adonde vayas"

     

     

    En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, le dijo uno: "Te seguiré adonde vayas." Jesús le respondió: "Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza." A otro le dijo: "Sígueme." Él respondió: "Déjame primero ir a enterrar a mi padre." Le contestó: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios." Ortro le dijo: "Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia." Jesús le contestó: "El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios."

    Homilía para hoy, escucha:
    Lucas 9,57-62
    El Santo Rosario, oremos juntos:
    El Santo Rosario - Misterios Gloriosos

    Sabías que...
    La Iglesia católica cuenta con 1.071 millones de católicos sobre una población mundial de 6.212 millones, según el Anuario Pontificio del 2004, presentado el martes en el Vaticano al Papa Juan Pablo II.

Un pensamiento

El Señor se le apareció a San Juan, con la cruz a cuestas y le dijo: "Juan, pídeme lo que quieras", Y el Santo respondió: " Padecer, Señor, y ser por Vos despreciado.

San Juan de la Cruz

Punto de Vista
La Vida en la Parroquia



                                      La esperanza

La desesperación no es un camino sin salida. El camino sin salida es el del desanimado. El de aquél que ha perdido el coraje de seguir peleando porque la experiencia le ha lastimado la esperanza.

El desanimado ha perdido el sentido de la lucha. Tal vez peor: la fuerza para luchar. Es entonces cuando es necesario hacerlo crecer hasta la desesperación, suscitándole la bronca. La bronca sembrada sobre el desánimo hace nacer la desesperación. Y la desesperación superada, eso es la esperanza.

Por eso me parece imposible suscitar la esperanza en un desanimado a través de la compasión. Un desanimado no necesita de la lástima. La lástima es el reponso sobre el desanimado. Al desanimado hay que llevarlo a la bronca, a fin de que sacudido en su vergüenza asuma la desesperación y la supere. Allí, reconquistado el valor fundamental de su vida, emprenderá la lucha. Lucha que no pondrá sus garantías en las fuerzas personales, ni en las dotes de su naturaleza. Porque de ellas se tiene la experiencia de su fragilidad. Hasta cierto punto, sobre ellas el desánimo ha hecho la amputación de su capacidad de ser garantías.

La garantía se pone sobre algo mucho más profundo y más inagarrable. Sobre algo mucho más nuestro, en definitiva. Sobre el misterio de nuestra propia vida. Mi vida tiene un sentido. El vivirlo es lo que me permitirá ser. Esa convicción profunda es un acto profundo de fe en sí mismo. O mejor: es algo que llevamos por dentro y que nos puso en camino. Creer que mi vida tiene un misterio que puede ser cumplido. Saber que eso existe y que aunque no lo veo es lo único que da apoyo real a mi vida y a mis opciones, es algo que me hace superar la desesperación.

Pero insisto. Sólo la bronca puede llegar a hacernos crecer hasta la desesperación. Esa actitud profundamente humana, que no nos deja admitir que nuestra vida carezca de sentido. Y es la fuerza que el desanimado necesita para no dejarse estar. La desesperación no es la desesperanza. La desesperanza es carecer de esperanza, es la situación de no tener ya esperanza. Mientras que la desesperación es la situación de no tener aún esperanza y por lo tanto la urgencia tenaz por conquistarla.

En la práctica, pienso que hay situaciones en las que sólo nos queda una actitud humana razonable: sembrar con fe en el surco del amor para que poco a poco vaya creciendo la esperanza.

Mamerto Menapace
Monje Benedictino Argentino


La luz del mundo


Mi hija miró en derredor con los ojos entornados y luego puso su mirada en mí.

-Desde que papá murió -me dijo­ nunca más volví a ver las cosas tan luminosas como eran antes. Es como si con él se hubiese apagado una parte de la luz del mundo. Todo está más oscuro.

Y... sí. Todo está más oscuro y es menos fácil. Porque él nos amparaba, nos cuidaba, nos brindaba esa tranquilidad que da el saber que hay alguien que no se olvidará de despertarnos a la hora de tomar el remedio, que revisará si están bien cerradas las llaves del gas todas las noches; que nos llevará adonde tengamos que ir sin que se lo pidamos, que agasajará a nuestros amigos, que será cariñoso y gentil con nuestros seres queridos.

Recuerdo a tu papá cargando en el auto a los chicos de tu barra, riéndose con ellos, compartiendo su entusiasmo en los recitales de rock, buscándolos a la salida de los bailecitos y comprándote, a vos y a ellos, refrescos para calmar esa sed de cuatro o cinco horas de incesante movimiento.

¿Sabes que creo que nunca lo oí gritar? Ni lo vi perder la calma, hacer algo grosero o de mal gusto. Un poco en broma, un poco en serio, algunos le decían "el Duque".

Porque él era un "señor" con jeans y campera y mocasines, y nunca tuvo que decir "soy un señor" para que la gente supiera que lo era. El señorío fluía de su ser, de su desenvoltura, de su naturalidad para hablar de cualquier cosa con un respaldo seguro de conocimiento del tema, pero sin jactarse de saberlo.

Tenía una receta infalible para que lo quisieran: quería a los demás. Toda su energía era un manojo de fuerzas positivas. Y toda esa energía positiva era la que producía esa luz que emanaba de él iluminando lo que lo rodeaba.

Por eso, ahora que su voz ha resbalado por las laderas de unas montañas quietas, su suave voz cayendo y alejándose, rodando como un cántaro roto en el infinito precipicio de la muerte... Por eso, ahora que sus ojos enormes y tiernos, que nos miraban con interés y amor, se entornan irremediablemente... o quizás estén buscándonos siempre desde un vuelo invisible de altos astros distantes... Por eso, ahora que sus manos hábiles y fuertes no rozan tus mejillas todavía redondas, por lo menos de aquella manera tibia y presente... la luz ha disminuido. Ahora tiene, la luz, su intensidad concreta, natural, ordinaria. Le falta ese fulgor que él le agregaba.

Hay pocas personas así, que pasan por el mundo con el don especial de darnos paz, de serenar a las fieras que se pelean en las almas de los hombres.

Tu papá fue una de esas personas. Nos queda la alegría de haberlo conocido y de haberlo amado.

Poldy Bird
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