Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog

Presentación

  • : Ministerio de Liturgia
  •  Ministerio de Liturgia
  • : Moniciones, Evangelio diario El Santo Rosario Sabias que? Pensamientos vivencias diarias
  • Contacto

Páginas

15 octubre 2009 4 15 /10 /octubre /2009 14:25
                                   
Dios no mide con nuestro metro

¡Gracias a Dios que Él no mide con nuestro metro! Porque Dios es bueno y nosotros más o menos somos malos, y si Dios juzgara como nosotros juzgamos, entonces muy pocos se salvarían. Pero Dios tiene compasión de los hombres, e incluso cuando hay una verdadera culpa, si el culpable le pide humildemente perdón, Él lo perdona completamente y le manda no pecar más.

¡Qué falta nos hace asemejarnos más a Dios, especialmente en lo que toca a la misericordia! Porque recordemos que Jesús en el Evangelio ha dicho que serán bienaventurados los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. ¿Y quién no necesita de la Misericordia de Dios? Todos la necesitamos. Entonces practiquemos la misericordia con el prójimo y también, ¿por qué no?, practiquemos la misericordia con Jesús, es decir, compadezcámonos de todos sus sufrimientos, de los de antes y de los de ahora, porque Cristo sigue sufriendo moral y espiritualmente por los pecados de los hombres.

Si somos misericordiosos anticipamos el Juicio de Dios sobre nosotros, porque cumplimos aquello del Evangelio de: “No juzguéis y no seréis juzgados”.

El hombre se hace misericordioso cuando ha sufrido en carne propia algún dolor, porque el sufrimiento es escuela de misericordia. Es dulce decir: “Te comprendo hermano porque yo pasé por algo similar y sé lo que es sufrir así”. Pero aunque no hayamos pasado por algo parecido, tratemos de colocarnos en el lugar del hermano y tengamos un corazón misericordioso, que es mejor pasarse de bueno, antes que ser duros de corazón o malvados.

Dios no mide con nuestro metro, pero nos medirá a nosotros con nuestro metro, así que ¡atención!, porque el juicio que usemos para los demás se usará para nosotros.

Solo en el Cielo veremos claro por qué cada uno actuó de la forma que actuó, ya que en la tierra no podemos saber lo que hay en lo profundo de los corazones de los hombres, ni siquiera en el nuestro. Por eso hagamos como el Señor y cuando recibamos una ofensa o mal de algún hermano, digamos: “Padre, perdónalo, porque no sabe lo que hace ni lo que dice”, y así seremos agradables al Padre, porque nos pareceremos un poco a Jesús, su Hijo muy amado.

Fuente: Devociones y Promesas
La cadenita


Un joven soldado norteamericano encontró a un iraquí que estaba herido en el suelo. Por un momento dudó en acercarse a él. No se fiaba. Apuntándole con su fusil, fue acercándose poco a poco.

El enemigo le pidió ayuda. Después de ver que no estaba armado, le ayudó. Lo cargó a sus espaldas y lo sacó de aquel lugar. Lo llevó a un oasis cercano. Allí intentó ayudarle como pudo. Le hizo un vendaje y le dijo: "Creo que con esto podrás aguantar. Cuando recuperes las fuerzas, podrás volver con los tuyos. Espero no luchar nunca contra ti"

El enemigo no le dijo nada. Se llevó la mano a un bolsillo, sacó una cadenita de oro y se la dio en agradecimiento al norteamericano. Y el joven soldado se marchó.

Pero a la mañana siguiente, se produjo una fuerte batalla y el joven soldado norteamericano quedó herido gravemente en una pierna. Fue hecho prisionero por el enemigo. Lo llevaron a un campo de concentración y allí fue atendido por una enfermera enemiga, que hizo todo lo posible por curarlo. Le atendió con mucho cariño, porque en él, veía reflejado a su hijo que también estaba luchando en la guerra.

El joven soldado no sabía cómo darle las gracias. Ni su madre le hubiera cuidado tan bien. Buscó en uno de sus bolsillos y sacó aquella cadenita de oro para dársela en agradecimiento. Cuando la enfermera vio aquello, con voz temblorosa le preguntó: "¿Cómo has conseguido esto?"

El joven se lo explicó todo, y al instante, la enfermera comenzó a llorar de alegría, porque aquella cadenita de oro que le entregaba, pertenecía a su querido hijo... y estaba vivo...

Desconozco su autor

Compartir este post

Repost 0
Published by Ministerio de Liturgia
Comenta este artículo

Comentarios