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21 diciembre 2009 1 21 /12 /diciembre /2009 12:31
  • Primera Lectura: El Cantar de los Cantares 2,8-14
    "Llega mi amado, saltando sobre los montes"

Oíd, que llega mi amado, saltando sobre los montes, brincando por los collados! Es mi amado como un gamo, es mi amado un cervatillo. Mirad: se ha parado detrás de la tapia, atisba por las ventanas, mira por las celosías.

Habla mi amado y me dice: "¡Levántate, amada mía, hermosa mía, ven a mí! Porque ha pasado el invierno, las lluvias han cesado y se han ido, brotan flores en la vega, llega el tiempo de la poda, el arrullo de la tórtola se deja oír en los campos; apuntan los frutos en la higuera, la viña en flor difunde perfume. ¡Levántate, amada mía, hermosa mía, ven a mí! Paloma mía, que anidas en los huecos de la peña, en las grietas del barranco, déjame ver tu figura, déjame escuchar tu voz, porque es muy dulce tu voz, y es hermosa tu figura."

 

  • Salmo Responsorial: 32
    "Aclamad, justos, al Señor, cantadle un cántico nuevo."

 Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando los vítores con bordones. R.

El plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad. R.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos. R.

  • Evangelio: Lucas 1,39-45
    "¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?"

 Unos días después, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: "¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá."

Homilía para hoy
Lucas 1,39-45

El Santo Rosario
El Santo Rosario - Misterios Gozosos

                                    Sabías que...
El palio arzobispal es una banda delgada blanca con aplicaciones negras y tres pequeños clavos que simbolizan los clavos de Cristo. El palio representa la responsabilidad del pastoreo de los arzobispos y su unidad con el Papa. Está hecho con lana de ovejas esquiladas por primera vez en la fiesta de Santa Inés.

                            
Punto de Vista
Sectas pseudo católicas


Pensamientos

Son menester amigos fuertes de Dios para sustentar los flacos.

Santa Teresa de Jesús



"La Navidad no es un momento ni una estación, sino un estado de la mente. Valorar la paz y la generosidad y tener merced es comprender el verdadero significado de Navidad".
                                                                                            Calvin Coolidge

Carta al Niño Jesús
Querido Niño Dios:

¿Cómo están por allá arriba en el cielo? Por aquí, tú sabes cómo estamos. Creo que no hace falta contarte los desastres, las injusticias, la violencia y todas las tragedias que dejan su huella en este mundo que es tu mundo.

Además, Navidad no es ocasión de hacer lista de desgracias sino lista de ilusiones.

Por eso te escribo esta carta. Como las que escribía la niña y como las que escriben los niños cuando no se ha ensombrecido su mirada.

Ya no pido juguetes. Pero no creas que he dejado de ser pedigüeña. Quiero pedirte muchas, muchísimas cosas.

Quiero pedirte una tregua a la violencia que desangra a nuestra patria y al mundo: tú puedes cambiar los corazones de los violentos para que no empuñen las armas de la muerte.

Y una tregua a la injusticia que nos está destruyendo: tú puedes cambiar los corazones de los hombres y las mujeres para que sientan como propias las necesidades de los hermanos.

También sería buenísima una tregua a la irresponsabilidad y a la inconciencia: tú puedes cambiar los corazones de los irresponsables para que caigan en cuenta de los disparates que cometen, del daño que se hacen ellos y le hacen a otros.

Otra cosa que quiero pedirte es una tregua a las caras largas: tú puedes cambiar los corazones de jóvenes y viejos para que puedan sonreír.

Por favor, tráenos en esta Navidad una tregua a la agresividad que hace insoportables las calles: tú puedes cambiar los corazones de los agresivos para que se acerquen unos a otros sin miedo, para que se respeten, para que se ayuden.

También nos está haciendo falta una tregua al silencio y las palabras duras en los hogares: tú puedes cambiar los corazones de los esposos, de los padres y de los hijos, para que descubran, los unos, lo que los otros quieren decir con su silencio, para que las palabras expresen el amor y la necesidad de amor.

No se te olvide una tregua a la intolerancia: tú puedes cambiar los corazones de los intolerantes para que sean capaces de comprender y perdonar y olvidar.

Y una tregua al egoísmo: tú puedes cambiar los corazones de los egoístas para que sean capaces de amar y de acercarse a la necesidad del amigo, del vecino, del familiar, del desconocido e incluso del que les cae mal.

No sobraría una tregua a la desesperanza y al escepticismo que nos están carcomiendo: tú puedes cambiar los corazones de los aplanchados y los pesimistas para que miren la vida con optimismo

También te pido que pongas a los pies de las camas de los niños y en el árbol de Navidad de todos: sueños y esperanzas que podamos realizar; fe en nosotros mismos y en los que nos rodean; fe en la vida y, sobre todo, fe en Ti; amor que construya la armonía en los hogares y la paz en nuestra patria; tu amor para poder amar.

Ese es, tal vez, el verdadero regalo de Navidad, el que nos hace seguir siendo niños a pesar de todos.

                                                                     Recibido de Graciela Baquerizo

Consignas
Con Dios jugamos a las escondidas: si el hombre se esconde, aparece Dios; si el hombre aparece, Dios se esconde. Si te fijas con detenimiento, a veces, incluso en el ejercicio de la acción apostólica, tratas de aparecer tú; por eso los demás no ven a Dios, porque tú lo tapas.

El deseo de Navidad
Era la noche de Navidad y Dios miró a la tierra para contemplar a todos sus hijos. Había transcurrido 2000 años desde que Dios se encarnó en el seno de la Santísima Virgen María y vino al mundo para redimir a los hombres. Entonces Dios se dirigió a uno de sus ángeles más jóvenes y le dijo: "Baja a la tierra y tráeme una sola cosa, la que mejor represente todo lo bueno que se ha hecho hoy en mi nombre".

El ángel hizo una reverencia a Dios y descendió al mundo de los humanos, buscando aquello que encierre lo que Dios le había pedido.
Su misión resultó algo difícil pues muchas cosas se habían hecho para homenajear el nacimiento del Niño Jesús. Para el día de Navidad, las guerras habían cesado temporalmente, las catedrales había sido construidas y grandes novelas habían sido escritas. ¿Cómo sería posible encontrar entonces algo que representase todo esto?

Mientras estaba sobrevolando la tierra, el ángel escuchó el sonido de las campanas de una iglesia. La melodía que se desprendía del campanario era tan hermosa que al ángel le recordó la voz de Dios. Mirando hacia abajo, vio la pequeña iglesia de donde provenía la hermosa melodía, pero también pudo escuchar el canto de un coro que entonaba "Noche de Paz".

Al ingresar al templo, el ángel comprobó que había una sola voz que cantaba la canción. Pero inmediatamente una segunda voz continuó a la primera en perfecta armonía, y luego otra y otra hasta que el coro de voces alumbró el recinto durante toda la noche.
Encantado por el mágico sonido, el ángel permaneció en el templo hasta que la canción terminó. Luego, se elevó de nuevo por los aires escuchando en todo lugar los maravillosos sonidos que se desprendían de los villancicos.

En todas las ciudades, sean estas pequeñas o grandes, el ángel escuchó canciones, ya sean interpretadas por grandes orquestas o por las voces de los soldados que se encontraban solos en un campamento militar, alusivas al Nacimiento de Cristo en la tierra. Y en todos los lugares que el ángel escuchó las voces y sonidos, encontró paz en los corazones de esos hombres, mujeres y niños. Cogiendo con sus manos uno de los sonidos emitidos por una de las canciones que flotaba en el aire, (los ángeles pueden hacer esto) pensó que quizás estas canciones podrían representar lo mejor que hay en la tierra en esta Navidad.

La voz de los hombres era utilizada para entonar bellas melodías a través de las cuales era llevada la esperanza y el aliento a aquellos que creían haberlo perdido todo. Sin embargo, a pesar de haber encontrado la respuesta a lo que él estaba buscando, su corazón le decía que esta música por sí sola no era suficiente. Debería haber algo más.

De esa forma, continuó su viaje a través de la espesura de la noche hasta que de repente sintió la oración elevada por un padre en su camino al cielo. Nuevamente miró hacia abajo y vio a un hombre rezando por su hija de quien no sabía hace mucho tiempo y que no estaría en casa para esa Navidad.

El ángel siguiendo la intención de la oración encontró a la hija de aquel hombre. Ella estaba parada en la esquina de una ciudad muy grande. Al frente, había un viejo bar, donde fácilmente uno podía darse cuenta que los que estaban sentados ahí rara vez levantaban su vista para mirar por encima de sus bebidas por lo que no notaron la presencia de la niña.

El que atendía el bar era un hombre que no creía en nada excepto en su barra y su caja registradora. Nunca se había casado, nunca tomó vacaciones y nunca nadie lo había visto lejos de la barra, ni tampoco sabían desde cuando se inició en aquel oficio. Él siempre estaba ahí cuando los clientes llegaban y se iban. No daba crédito a nadie y de vez en cuando por 75 centavos de dólar servía vasos de whiskey con hielo a las personas que pasaban la mayor parte del tiempo sentados en el bar.

De repente, la puerta se abrió y entró un pequeño niño. El barman no podía recordar la última vez que vio a un niño en aquel lugar, pero antes que tuviera tiempo de preguntarle qué quería, el niño le dijo si él sabía que había una niña afuera en la puerta que no podía regresar a casa en la noche de Navidad. Dando un vistazo por la ventana, vio a la niña frente a la acera. Volteándose hacia el niño, le preguntó como sabía eso.

El chico replicó: "Hoy que es Navidad, si ella pudiese estar en casa con los suyos, en verdad te digo que lo estaría". El barman miró de nuevo a la niña pensando en lo que el niño había dicho. Luego de algunos segundos, fue a la caja registradora y sacó todo el dinero que había ahí. Salió del bar, cruzó la pista y siguió a la niña que había avanzado unos cuantos metros.

Todos los que estaban en el bar pudieron ver cuando él hablaba con la niña. Luego, llamó a un taxi, la hizo subir a él y le dijo al chofer: "Al aeropuerto Kennedy". Mientras que el taxi se perdía en medio de los demás autos, volteó para buscar al niño, pero él ya se había ido. Regresó al bar y preguntó a todos si alguien había visto a donde se había ido el chico, pero como él, todos estaban viendo como se perdía el taxi en las calles.

Y luego alguien comentó entre risas que el milagro más increíble del mundo sucedió, pues durante el resto de la noche, nadie pagó por un trago.

El ángel voló de nuevo. Subió al cielo y puso en las manos de Dios lo que finalmente había encontrado para Él: el deseo de un alma por la felicidad de otro. Y Dios Padre sonrió

Desconozco su autor

Meditación breve

La mayor fuerza de la humanidad no consiste en armas de fuego, puños, ni en un poderío militar, sino en la capacidad de tolerancia.
La tolerancia es la capacidad de conceder la misma importancia a la forma de ser, de pensar y de vivir de los demás que a nuestra propia manera de ser, de pensar y de vivir.
Si comprendemos que nuestras creencias y costumbres no son ni mejores ni peores que las de otras personas, sino simplemente distintas, estaremos respetando a los demás.
No es preciso compartir una opinión para ser capaz de considerarla tan válida como cualquier otra.
Lo que hace falta es tratar de ponerse en el lugar de los demás.
Desde cada perspectiva, las cosas se perciben de una manera distinta.
Por eso, analizar en grupo una situación, escuchando la opinión de cada miembro del mismo, nos permite valorarla mejor. La práctica del diálogo y de la comunicación facilita la actitud tolerante, por ello compartir las diferencias nos enriquece, como seres humanos, nos enriquece como personas.

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Published by Ministerio de Liturgia
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