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15 octubre 2009 4 15 /10 /octubre /2009 09:38
  • Primera Lectura: Romanos 3,21-30a

     

     

    Hermanos: Ahora, la justicia de Dios, atestiguada por la Ley y los profetas, se ha manifestado independientemente de la Ley. Por la fe en Jesucristo viene la justicia de Dios en todos los que creen, sin distinción alguna. Pues todos pecaron y todos están privados de la gloria de Dios, y son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención de Cristo Jesús, a quien Dios constituyó sacrificio de propiciación mediante la fe en su sangre. Así quería Dios demostrar que no fue injusto dejando impunes con su tolerancia los pecados del pasado; se proponía mostrar en nuestros días su justicia salvadora, demostrándose a sí mismo justo y justificando al que apela a la fe en Jesús. Y ahora, ¿dónde queda el orgullo? Queda eliminado. ¿En nombre de qué? ¿De las obras? No, en nombre de la fe. Sostenemos, pues, que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley. ¿Acaso es Dios sólo de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? Evidente que también de los gentiles, si es verdad que no hay más que un Dios.

     

     

  • Salmo Responsorial: 129
    "Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa"

     

     

    Desde lo hondo a ti grito, Señor; / Señor, escucha mi voz; / estén tus oídos atentos / a la voz de mi súplica. R.

    Si llevas cuenta de los delitos, Señor, / ¿quién podrá resistir? / Pero de ti procede el perdón, / y así infundes respeto. R.

    Mi alma espera en el Señor, / espera en tu palabra; / mi alma aguarda al Señor. R.

     

     

  • Evangelio: Lucas 11,47-54
    "Se pedirá cuenta de la sangre de los profetas, desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías"

     

     

    En aquel tiempo, dijo el Señor: "¡Ay de vosotros, que edificáis mausoleos a los profetas, después que vuestros padres los mataron! Así sois testigos de lo que hicieron vuestros padres, y lo aprobáis; porque ellos los mataron, y vosotros les edificáis sepulcros. Por algo dijo la sabiduría de Dios: "Les enviaré profetas y apóstoles; a algunos los perseguirán y matarán"; y así, a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de los profetas derramada desde la creación del mundo; desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que pereció entre el altar y el santuario.

    Sí, os lo repito: se le pedirá cuenta a esta generación. ¡Ay de vosotros, maestros de la Ley, que os habéis quedado con la llave del saber; vosotros, que no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los que intentaban entrar!" Al salir de allí, los escribas y fariseos empezaron a acosarlo y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas, para cogerlo con sus propias palabras.

    Homilía para hoy, escucha:
    Lucas 11,47-54
    El Santo Rosario, oremos juntos:
    El Santo Rosario - Misterios Luminosos


                                        Sabías que...
    Arcángel Saeltiel su nombre significa: "Plegaria a Dios".


    Pensamientos

    Una buena forma de ejercitarnos en el amor a Cristo es manteniéndolo presente en nuestras mentes siempre que sea posible.

    San Vicente de Paúl

    "Nada te turbe; nada te espante; todo se pasa; Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza. Quien
     a Dios tiene, nada le falta. Solo Dios basta"
                                                                                                                              Santa Teresa


    Dios no mide con nuestro metro


    ¡Gracias a Dios que Él no mide con nuestro metro! Porque Dios es bueno y nosotros más o menos somos malos, y si Dios juzgara como nosotros juzgamos, entonces muy pocos se salvarían. Pero Dios tiene compasión de los hombres, e incluso cuando hay una verdadera culpa, si el culpable le pide humildemente perdón, Él lo perdona completamente y le manda no pecar más.

    ¡Qué falta nos hace asemejarnos más a Dios, especialmente en lo que toca a la misericordia! Porque recordemos que Jesús en el Evangelio ha dicho que serán bienaventurados los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. ¿Y quién no necesita de la Misericordia de Dios? Todos la necesitamos. Entonces practiquemos la misericordia con el prójimo y también, ¿por qué no?, practiquemos la misericordia con Jesús, es decir, compadezcámonos de todos sus sufrimientos, de los de antes y de los de ahora, porque Cristo sigue sufriendo moral y espiritualmente por los pecados de los hombres.

    Si somos misericordiosos anticipamos el Juicio de Dios sobre nosotros, porque cumplimos aquello del Evangelio de: “No juzguéis y no seréis juzgados”.

    El hombre se hace misericordioso cuando ha sufrido en carne propia algún dolor, porque el sufrimiento es escuela de misericordia. Es dulce decir: “Te comprendo hermano porque yo pasé por algo similar y sé lo que es sufrir así”. Pero aunque no hayamos pasado por algo parecido, tratemos de colocarnos en el lugar del hermano y tengamos un corazón misericordioso, que es mejor pasarse de bueno, antes que ser duros de corazón o malvados.

    Dios no mide con nuestro metro, pero nos medirá a nosotros con nuestro metro, así que ¡atención!, porque el juicio que usemos para los demás se usará para nosotros.

    Solo en el Cielo veremos claro por qué cada uno actuó de la forma que actuó, ya que en la tierra no podemos saber lo que hay en lo profundo de los corazones de los hombres, ni siquiera en el nuestro. Por eso hagamos como el Señor y cuando recibamos una ofensa o mal de algún hermano, digamos: “Padre, perdónalo, porque no sabe lo que hace ni lo que dice”, y así seremos agradables al Padre, porque nos pareceremos un poco a Jesús, su Hijo muy amado.

    Fuente: Devociones y Promesas

                                                            La cadenita


    Un joven soldado norteamericano encontró a un iraquí que estaba herido en el suelo. Por un momento dudó en acercarse a él. No se fiaba. Apuntándole con su fusil, fue acercándose poco a poco.

    El enemigo le pidió ayuda. Después de ver que no estaba armado, le ayudó. Lo cargó a sus espaldas y lo sacó de aquel lugar. Lo llevó a un oasis cercano. Allí intentó ayudarle como pudo. Le hizo un vendaje y le dijo: "Creo que con esto podrás aguantar. Cuando recuperes las fuerzas, podrás volver con los tuyos. Espero no luchar nunca contra ti"

    El enemigo no le dijo nada. Se llevó la mano a un bolsillo, sacó una cadenita de oro y se la dio en agradecimiento al norteamericano. Y el joven soldado se marchó.

    Pero a la mañana siguiente, se produjo una fuerte batalla y el joven soldado norteamericano quedó herido gravemente en una pierna. Fue hecho prisionero por el enemigo. Lo llevaron a un campo de concentración y allí fue atendido por una enfermera enemiga, que hizo todo lo posible por curarlo. Le atendió con mucho cariño, porque en él, veía reflejado a su hijo que también estaba luchando en la guerra.

    El joven soldado no sabía cómo darle las gracias. Ni su madre le hubiera cuidado tan bien. Buscó en uno de sus bolsillos y sacó aquella cadenita de oro para dársela en agradecimiento. Cuando la enfermera vio aquello, con voz temblorosa le preguntó: "¿Cómo has conseguido esto?"

    El joven se lo explicó todo, y al instante, la enfermera comenzó a llorar de alegría, porque aquella cadenita de oro que le entregaba, pertenecía a su querido hijo... y estaba vivo...

    Desconozco su autor

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Published by Ministerio de Liturgia
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