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22 diciembre 2009 2 22 /12 /diciembre /2009 16:56
  • Primera Lectura: I Samuel 1,24-28
    "Ana da gracias por el nacimiento de Samuel"

 En aquellos días, cuando Ana hubo destetado a Samuel, subió con él al templo del Señor, de Siló, llevando un novillo de tres años, una fanega de harina y un odre de vino. El niño era aún muy pequeño. Cuando mataron el novillo, Ana presentó el niño a Elí, diciendo: "Señor, por tu vida, yo soy la mujer que estuvo aquí junto a ti, rezando al Señor. Este niño es lo que yo pedía; el Señor me ha concedido mi petición. Por eso se lo cedo al Señor de por vida, para que sea suyo." Después se postraron ante el Señor.

  • Interleccional: Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador
    1Sam 2,1.4-8

    Mi corazón se regocija por el Señor,
    mi poder se exalta por Dios;
    mi boca se ríe de mis enemigos,
    porque gozo con tu salvación. R.
    Se rompen los arcos de los valientes,
    mientras los cobardes se ciñen de valor;
    los hartos se contratan por el pan,
    mientras los hambrientos engordan;
    la mujer estéril da a luz siete hijos,
    mientras la madre de muchos queda baldía. R.
    El Señor da la muerte y la vida,
    hunde en el abismo y levanta;
    da la pobreza y la riqueza,
    humilla y enaltece. R.
    Él levanta del polvo al desvalido,
    alza de la basura al pobre,
    para hacer que se siente entre príncipes
    y que herede un trono de gloria. R.
  • Evangelio: Lucas 1,46-56
    "El Poderoso ha hecho obras grandes por mí"
    En aquel tiempo, María dijo: "Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre." María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa
Homilía para hoy
Lucas 1,46-56

El Santo Rosario
El Santo Rosario - Misterios Dolorosos


                                     Sabías que...
El primero de los apóstoles que sufrió el martirio fue Santiago el Mayor en el año 44, cuando fue decapitado durante la primera persecución contra los cristianos iniciada por Herodes Agripa en el año 42. En ese año se inició la dispersión de los cristianos por toda Palestina y Antioquía.

Punto de Vista
Las técnicas y métodos de oración
Pensamientos

Caras largas..., modales bruscos..., facha ridícula..., aire antipático: ¿Así esperas animar a los demás a seguir a Cristo?.

San Josemaría Escrivá de Balaguer

"La Navidad, no se trata sólo de conmemorar el acontecimiento histórico, que hace más de dos mil años tuvo lugar en una pequeña aldea de Judea. Es necesario comprender más bien que toda nuestra vida debe ser un adviento, una espera vigilante de la venida definitiva de Cristo".
                                                                          Juan Pablo II
                                                          Contestación de Jesús
Mis buenos amigos: ¿Recuerdan la carta que escribí al recién nacido Jesús de Nazaret? ¿Qué me contestó? Pues sencillamente... esa carta me la devolvió el correo, poniendo en el sobre: "al remitente".

Sí, fíjense que en el sobre, parece que el mismo Jesús puso esa notita que decía: "no soy yo, sino ustedes los cristianos los que deben procurar que nadie sienta frío, ni ausencia de hogar; vuélvase al remitente, para que tome nota".

Por eso, porque Jesús de Nazaret me devolvió la carta que le escribí, me tomé la libertad de enviárselas a ustedes ayer, cerca del nuevo aniversario de su nacimiento, para que todos tomemos conciencia de nuestra responsabilidad: que todos lleguemos de una vez a comprender que Jesús sigue naciendo en cada niño que llora, y sigue naciendo en cada niño que viene a este mundo, y sigue llorando en cada niño que llora, y sigue teniendo frío en cada niño desprovisto de ropa y sigue teniendo hambre en cada uno de los hambrientos.

Es Jesús de Nazaret el que vive hoy en la carne de cada uno de los pobres, y es en esos necesitados en los que nosotros, los cristianos, porque creemos en Jesús, debemos demostrar nuestro amor a Él.

Luego, en el Evangelio nos lo dejará escrito Él mismo cuando diga: "lo que hagan con cada uno de estos mis pequeños hermanos, lo hacen conmigo".

Así que los dejo por hoy, mis buenos amigos cristianos. ¿Quieren escribirle al Niño Jesús? ¿Quieren ayudarlo? Manden la ayuda a cualquier lugar de beneficencia, para que la hagan llegar a los nuevos Niños Jesús, que son los niños pobres, los niños que sufren, los niños que lloran, los niños que tienen hambre.

En nombre de esos niños: GRACIAS.

¡Ah! Me olvidaba: y sobre todo, en nombre del Niño Jesús: ¡MUCHAS GRACIAS!

                                                                                                     Alfonso Milagro

                                                            Consignas
No te explicas el que haya hombres que no puedan llegar a Dios. Es que a Dios se va de rodillas y muchos no saben doblarlas. Sobre todo el hombre científico y técnico de nuestra época. Yo se que tú sabes doblar las rodillas y por éso estás cerca de Dios.

                      


Navidad, tiempo de Amor
Comprados con la Sangre de Cristo

1) Para saber
Recibí un relato de un amigo, llamado Juan Carlos, y me permito transcribirlo, pues me parece muy ilustrativo para comprender lo que sucedió con la venida de Cristo. Así nos lo escribe.
Hace muchos años, cuando trabajaba como voluntario en un hospital de Stanford conocí a una niñita llamada Liz, quien sufría de una extraña enfermedad. Su única oportunidad de recuperarse aparentemente era una transfusión de sangre de su hermano de cinco años, quien había sobrevivido milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado los anticuerpos necesarios para combatirla.
El doctor explicó la situación al hermano de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a una transfusión, a dar de su sangre a su hermana. Yo lo vi dudar pero sólo un momento antes de tomar un gran suspiro y decir: “Sí, lo haré, si eso salva a Liz”.
Mientras la transfusión continuaba, él estaba acostado en una cama al lado de la de su hermana, viendo retornar el color a las mejillas de la niña. Entonces la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció. Miró al doctor y le preguntó con voz temblorosa: “¿A qué hora empezaré a morirme?”
Siendo solo un niño, no había comprendido al doctor: él pensaba que le daría toda su sangre a su hermana y que él se quedaría sin sangre para vivir. Y aún así estaba dispuesto a darle toda su sangre.

2) Para pensar

El relato nos muestra el gran amor que puede llegar a tener un niño por su hermana. Sin embargo, esa historia que leímos, ya aconteció realmente con cada uno de nosotros: nuestro Señor Jesucristo vino al mundo para derramar toda su sangre por nosotros a fin de darnos la vida, la verdadera vida divina. San Pablo nos lo recuerda: “Habéis sido comprados mediante un gran precio”. (I Cor 6,20).
Por ello, en estos días de Navidad no podemos olvidarnos que Jesús ha nacido para que nosotros tengamos vida y, como dice San Pablo, tengamos vida en abundancia. Tenemos una deuda de agradecimiento con nuestro señor Jesucristo que hemos de saldarla con nuestro amor.
Con el bautismo recibimos por primera vez esa vida de la gracia. Pero como se puede perder con el pecado mortal, nuestro Señor instituyó el Sacramento de la Penitencia para otorgarnos la oportunidad de recuperarla.
Pensemos cómo cuidamos esa vida divina y si acudimos a la Confesión para recuperarla si la hemos perdido.

3) Para vivir

Siendo de tan gran valor esa vida divina, hemos de procurar agradecerla y hacer lo posible por conservarla. Las ofensas graves a Dios son las que pueden hacer que muramos y perdamos la vida de la gracia
San Josemaría Escrivá nos recuerda que esa vida tan valiosa que Jesús nos trajo y que tanto le costó, debemos cuidarla frente a las diversas amenazas que la acechan: “El mundo, el demonio y la carne son unos aventureros que, aprovechándose de la debilidad del salvaje que llevas dentro, quieren que, a cambio del pobre espejuelo de un placer –que nada vale–, les entregues el oro fino y las perlas y los brillantes y rubíes empapados en la sangre viva y redentora de tu Dios, que son el precio y el tesoro de tu eternidad (Camino 708).

                                                          Pbro. José Martínez Colín



Poesía

Ya viene


Lleva por nombre Jesús.
Quiere decir Salvador.

Jesús, Salvador ya vino,
vino ya y sigue viniendo...
Viene en cada hermano pobre
sin cobijo, sin abrigo.
Pero si lo recibimos,
nos salva y nos da poder
de ser los hijos de Dios.

Viene en cada campesino,
en cada niño que nace,
en cada obrero que lucha,
en cada hermano que sufre.

Viene en el pueblo que gime
bajo el peso de la angustia
y en la voz que se levanta
en demanda de justicia.

Viene en las madres que lloran
hijos desaparecidos.

¡Viene!... y si lo recibimos
nos salva y nos da poder
de ser los hijos de Dios.


Mons. Leonidas Proaño
(Ecuador)




                                          Caminando hacia la Nochebuena
Hacía cincuenta años que Sandra vivía en la misma casa. Sus hijos se habían casado y mudado a otro barrio. Ella se había quedado sola y ya no podía mantener ese caserón en buen estado.

-Mamá, mudate más cerca nuestro, le decía una de sus hijas. Vendé la casa y comprate un departamento que puedas calentar en invierno para no morirte de frío. Buscamos uno que tenga patio, para que lleves las plantas.

Sandra se convenció de que era lo mejor y con alegría comenzó a seleccionar las pocas cosas que se llevaría consigo. Las otras, las repartió entre sus hijos y los vecinos. Ya no quedaba nada en la casa. El camión de mudanzas estaba lleno y Sandra entró a dar un último vistazo antes de entregar las llaves a los nuevos dueños.

Al salir de una habitación, vio en el fondo de un placard que había quedado abierto, algo parecido a un palo de escoba envuelto en papel de diario. Se estiró y lo sacó. ¿Qué sería? Comenzó a abrirlo. Salió una nube de polvo y por un momento se mareó.
Luego, se encontró en medio de la sala, cuando sus hijos eran pequeños y todos juntos sacaban el árbol de Navidad, abrían sus ramas y comenzaban a colgarle con mucho cuidado, (porque en esa época eran de vidrio y se rompían), bolitas de todos los colores.
Ubicaban el árbol en el centro de la habitación y uno por uno iban pasando, elegían una bolita y la colocaban. Algunos familiares decían que ese árbol era un mamarracho, pero para ella era el más lindo de todos.
A Sandra le parecía estar escuchando las risas y el gran aplauso que daban cuando colocaban la estrella en la punta del árbol.

-Señora, señora, ¿le pasa algo? ¿Quiere que lleve eso al camión o es para tirar?, interrumpió el muchacho de la empresa de mudanzas.
Sandra se sobresaltó. Volvía a estar en la casa vacía.
-No, esto lo llevo yo personalmente, dijo agarrándolo con fuerza entre sus brazos.

Al salir, entregó la llave a los nuevos habitantes y sonrió. Sabía que aunque nunca volvería, se llevaba algo que le permitiría sentir que estaba allí cuando quisiera.

                                         María Inés Casalá y Juan Carlos Pisano

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Published by Ministerio de Liturgia
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