Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog

Presentación

  • : Ministerio de Liturgia
  •  Ministerio de Liturgia
  • : Moniciones, Evangelio diario El Santo Rosario Sabias que? Pensamientos vivencias diarias
  • Contacto

Páginas

5 octubre 2009 1 05 /10 /octubre /2009 08:25
Lecturas de la liturgia
  • Primera Lectura: Jonás 1,1-2,1-11
    "Se levantó Jonás para huir lejos del Señor"

     

     

    Jonás, hijo de Amitai, recibió la palabra del Señor: "Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y proclama en ella: "Su maldad ha llegado hasta mí."" Se levantó Jonás para huir a Tarsis, lejos del Señor; bajó a Jafa y encontró un barco que zarpaba para Tarsis; pagó el precio y embarcó para navegar con ellos a Tarsis, lejos del Señor. Pero el Señor envió un viento impetuoso sobre el mar, y se alzó una gran tormenta en el mar, y la nave estaba a punto de naufragar. Temieron los marineros, e invocaba cada cual a su dios. Arrojaron los pertrechos al mar, para aligerar la nave, mientras Jonás, que había bajado a lo hondo de la nave, dormía profundamente. El capitán se le acercó y le dijo: "¿Por qué duermes? Levántate e invoca a tu Dios; quizá se compadezca ese Dios de nosotros, para que no perezcamos." Y decían unos a otros: "Echemos suertes para ver por culpa de quién nos viene esta calamidad." Echaron suertes, y la suerte cayó sobre Jonás. Le interrogaron: "Dinos, ¿por qué nos sobreviene esta calamidad? ¿Cuál es tu oficio? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu país? ¿De qué pueblo eres?" Él les contestó: "Soy un hebreo; adoro al Señor, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra firme." Temieron grandemente aquellos hombres y le dijeron: "¿Qué has hecho?" Pues comprendieron que huía del Señor, por lo que él había declarado. Entonces le preguntaron: "¿Qué haremos contigo para que se nos aplaque el mar?" Porque el mar seguía embraveciéndose. Él contestó: "Levantadme y arrojadme al mar, y el mar se os aplacará; pues sé que por mi culpa os sobrevino esta terrible tormenta." Pero ellos remaban para alcanzar tierra firme, y no podían, porque el mar seguía embraveciéndose. Entonces invocaron al Señor, diciendo: "¡Ah, Señor, que no perezcamos por culpa de este hombre, no nos hagas responsables de una sangre inocente! Tú eres el Señor que obras como quieres." Levantaron, pues, a Jonás y lo arrojaron al mar; y el mar calmó su cólera. Y temieron mucho al Señor aquellos hombres. Ofrecieron un sacrificio al Señor y le hicieron votos. El Señor envió un gran pez a que se comiera a Jonás, y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches seguidas. El Señor dio orden al pez, y vomitó a Jonás en tierra firme.

     

     

  • Interleccional:
    Sacaste mi vida de la fosa, Señor.
    Jonás 2,3-8

     

    En mi aflicción clamé al Señor, / y me atendió; / desde el vientre del infierno pedí auxilio, / y escuchó mi clamor. R.

    Me arrojaste a lo profundo en alta mar, / me rodeaban las olas, / tus corrientes y tu oleaje pasaban sobre mí. R.

    Yo dije: "Me has arrojado de tu presencia; / quién pudiera ver de nuevo tu santo templo." R.

    Cuando se me acababan las fuerzas / me acordé del Señor; / llegó hasta ti mi oración, / hasta tu santo templo. R.

     

  • Evangelio: Lucas 10,25-37
    "¿Quién es mi prójimo?"

     

     

    En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?" Él le dijo: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?" Él contestó: "Amarás al Señor, tu, Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo." Él le dijo: "Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida." Pero el maestro de la Ley queriendo justificarse, preguntó a Jesús: "¿Y quién es mi prójimo?" Jesús le dijo: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.

    Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó en una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?" Él contestó: "El que practicó la misericordia con él." Díjole Jesús: "Anda, haz tu lo mismo."

     

    Homilía para hoy, escucha:
    El Santo Rosario, oremos juntos:
    Sabías que...
    La Acedía es "Pereza espiritual. Llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino." (Catecismo # 2094) Es un pecado contra el amor de Dios y, por ende, contra el Primer Mandamiento.
    Pensamientos

    Halla purísimo placer en las almas anonadadas que son totalmente suyas y todo lo poseen en Él, cuando están desposeídas de si propias.

    Santa Margarita Maria


                                         "Que Dios conceda a los padres de familia el imitar a Zacarías e Isabel,
                                               llevando como ellos una vida santa; siendo justos ante el Señor,
                                          y observando con exactitud todos los mandamientos y preceptos de Dios"

                                    ¿Hay caridad sin justicia?


    1) Para saber

    Los padres o maestros, en su función educacional, se cuestionan a veces si no faltaron a la caridad por tratar de ser justos. ¿Es que la justicia está reñida con la caridad?

    El Papa Benedicto XVI reflexiona sobre la relación que hay entre la justicia y la caridad: “La caridad va más allá de la justicia, porque amar es dar, ofrecer de lo «mío» al otro; pero nunca carece de justicia, la cual lleva a dar al otro lo que es «suyo», lo que le corresponde en virtud de su ser y de su obrar. No puedo «dar» al otro de lo mío sin haberle dado en primer lugar lo que en justicia le corresponde” (“La caridad en la verdad”, n.6).

    Es así que no hay ninguna oposición entre la caridad y la justicia, es más, la caridad exige que haya justicia, y sin ésta no vivimos realmente la caridad. “Quien ama con caridad a los demás, es ante todo justo con ellos… la justicia es «inseparable de la caridad», intrínseca a ella. La justicia es la primera vía de la caridad” (Ibidem).

    2) Para pensar

    En ocasiones un padre o una madre se pueden sentir culpables por haber castigado a un hijo, y se preguntan si no están faltando a la caridad.

    Ciertamente los castigos han de ser justos, es decir, debido a algo indebido que hizo el hijo y han de ser, a su vez, proporcionados a la falta. Por ello es conveniente dar las razones al castigado para que conozca que se hace justicia. Pero no basta. La justicia ha de ser aplicado con caridad, pues es lo que ha de mover a castigar. Es decir, el amor que el padre tiene a su hijo lo mueve a corregirlo, lo hace por su bien, pretende mejorarlo, pues el castigo servirá para reafirmar el valor que se le quiere inculcar.

    Hay un pasaje en “El Quijote de la Mancha”, en donde Sancho Panza, el fiel escudero que será gobernador de una ínsula, es aconsejado por Don Quijote de cómo debe de obrar con los maleantes cuando tenga que impartir justicia: “Al que has de castigar con obras, no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio sin la añadidura de las malas razones. Al culpado que cayese debajo de tu jurisdicción… en todo cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstrate piadoso y clemente; porque aunque los atributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea, a nuestro ver, el de la misericordia que el de la justicia”.

    Ciertamente, es propia de Dios la misericordia que muestra siempre con el pecador. Sin dejar de ser justo, nunca falta en su obrar el amor y la misericordia.

    3) Para vivir

    El Papa señala con claridad la superioridad de la caridad sobre la justicia, pues sigue “la lógica de la entrega y el perdón. La «ciudad del hombre» no se promueve sólo con relaciones de derechos y deberes sino, antes y más aún, con relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión. La caridad manifiesta siempre el amor de Dios también en las relaciones humanas, otorgando valor teologal y salvífico a todo compromiso por la justicia en el mundo” (Ibidem).

    San Josemaría Escrivá nos lo invita a considerar: “¡Mira qué entrañas de misericordia tiene la justicia de Dios! –Porque en los juicios humanos, se castiga al que confiesa su culpa: y, en el divino, se perdona” (Camino 309).

    Pbro. José Martínez Colín


    Meditación breve

    Dices estar listo para enfrentar el desafío, pero en el fondo de tu mente tienes serias y persistentes dudas. Hay una vocecita repiqueteando, recordándote tus, auto-impuestas, limitaciones. Puedes convencer al resto del mundo, pero si no puedes vencer a esa pequeña vocecita en el fondo de tu mente, te detendrá sin contemplaciones.
    Para apaciguar a esa vocecita se necesita férrea voluntad y mucha repetición. Cada vez que ella dice "no, no puedes" debes responderle inmediatamente "¡Sí, puedo!". Has permitido a esa vocecita tomar el control, y en tus manos está el poder de cambiar esta situación.
    En el pasado te has dicho a tí mismo -o te lo han dicho los demás- tantas y tantas veces que no puedes, que has terminado convenciéndote de que no puedes. Ahora debes hacer renacer tu confianza. Saber que puedes hacerlo. Decirte, una y otra vez, que tú puedes. Con suficiente repetición, comenzarás a creerlo realmente y la duda se desvanecerá.

Compartir este post

Repost 0
Published by Ministerio de Liturgia
Comenta este artículo

Comentarios