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28 septiembre 2009 1 28 /09 /septiembre /2009 08:53
Lecturas de la liturgia
  • Primera Lectura: Zacarías 8,1-8
    "Yo libertaré a mi pueblo del país de oriente y de occidente"

     

     

    En aquellos días, vino la palabra del Señor de los ejércitos: "Así dice el Señor de los ejércitos: Siento gran celo por Sión, gran cólera en favor de ella. Así dice el Señor: Volveré a Sión y habitaré en medio de Jerusalén. Jerusalén se llamará Ciudad Fiel, y el monte del Señor de los ejércitos, Monte Santo. Así dice el Señor de los ejércitos: De nuevo se sentarán en las calles de Jerusalén ancianos y ancianas, hombres que, de viejos, se apoyan en bastones. Las calles de Jerusalén se llenarán de muchachos y muchachas que jugarán en la calle. Así dice el Señor de los ejércitos: Si el resto del pueblo lo encuentra imposible aquel día, ¿será también imposible a mis ojos? -oráculo del Señor de los ejércitos-. Así dice el Señor de los ejércitos: Yo libertaré a mi pueblo del país de oriente y del país de occidente, y los traeré para que habiten en medio de Jerusalén. Ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios con verdad y con justicia."

     

     

  • Salmo Responsorial: 101
    "El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria"

     

     

    Los gentiles temerán tu nombre, / los reyes del mundo, tu gloria. / Cuando el Señor reconstruya Sión, / y aparezca en su gloria, / y se vuelva a las súplicas de los indefensos, / y no desprecie sus peticiones. R.

    Quede esto escrito para la generación futura, / y el pueblo que será creado alabará al Señor. / Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario, / desde el cielo se ha fijado en la tierra, / para escuchar los gemidos de los cautivos / y librar a los condenados a muerte. R.

    Los hijos de tus siervos vivirán seguros, / su linaje durará en tu presencia, / para anunciar en Sión el nombre del Señor, / y su alabanza en Jerusalén, / cuando se reúnan unánimes los pueblos / y los reyes para dar culto al Señor. R.

     

     

  • Evangelio: Lucas 9,46-50
    "El más pequeño de vosotros es el más importante"

     

     

    En aquel tiempo, los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dijo: "El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más importante."

    Juan tomó la palabra y dijo: "Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y, como no es de los nuestros, se lo hemos querido impedir." Jesús le respondió: "No se lo impidáis; el que no está contra vosotros, está a favor vuestro."

Homilía para hoy, escucha:
Lucas 9,46-50
El Santo Rosario, oremos juntos:

Sabías que...

En 1956, Sor María Susana, de las misioneras de María descubrió la vacuna contra la lepra.
Punto de Vista:
La Vida de un Sacerdote

Nuestros amigos invisibles


1) Para saber

Hay dos fiestas litúrgicas cercanas que tienen algo en común: se refieren a los ángeles. Una es el 29 de septiembre en que celebramos a tres arcángeles: San Miguel, San Gabriel y San Rafael. Y la otra es el 2 de octubre, día dedicado a los Santos Ángeles Custodios. Estas fechas nos pueden llevar a considerar nuestra relación con ellos.

Las Sagradas Escrituras nos hablan constantemente de los ángeles y nos revelan que han estado presentes en momentos muy importantes en la Historia de la Salvación. Por ejemplo, el Arcángel San Gabriel fue encargado de ir con la Virgen María para anunciarle la feliz noticia de haber sido escogida para ser Madre de Dios. Es un ángel quien le había hablado en sueños a San José para que recibiera a la Virgen María como esposa. Una vez que nace Jesús, son los ángeles quienes dan la trascendental y alegre noticia a los pastores. Un ángel le previene a San José para que huya a Egipto ante el peligro que corría el niño Jesús por culpa de Herodes. Al final de la vida de Jesús, encontramos a un ángel consolándolo antes de su Pasión. Son también unos ángeles quienes anuncian la feliz noticia de la resurrección de Cristo a las mujeres que visitan su tumba.

Pero así como están presentes en esos acontecimientos importantes, también nos acompañan en todos los momentos de nuestra vida ordinaria.

2) Para pensar

En el Perú hay una zona muy montañosa con profundos barrancos llamada Yauyos. Hace años unos sacerdotes la atendían, pero se les dificultaba el acceso a las diversas comunidades, pues entre una y otra había que sortear esas montañas por angostas veredas. Sólo se podía llegar montando lentamente a caballo y siempre con el peligro de que la lluvia cortara los caminos con deslaves.

Uno de los sacerdotes que atendía esa región, el padre Alfonso, solía encomendarse a su ángel custodio en esos viajes que solían durar más de un día. En una ocasión se dirigía a un pueblo colgado de la ladera de los Andes. Era época de lluvias. Después de varias horas de cabalgar y estando en lo alto de una montaña por un estrecho camino, de repente se le ocurrió bajarse para ajustar la silla y las alforjas. Iba a volverse a subir, pero mejor decidió caminar un rato para “estirar las piernas”. Le dio una palmada en las ancas al animal para que fuera por delante. Pero en cuanto continuó el caballo, éste pisó un tramo que se desmoronó y se vino abajo. El caballo cayó rodando cientos de metros hasta el fondo de la quebrada entre el estruendo de las piedras.

El padre Alfonso quedó mirando desde arriba cómo el caballo perdía la vida quedando inmóvil al fondo del barranco. Inmediatamente pensó cómo el podía estar también tirado en ese lugar, si no fuera por esa “inspiración” de caminar que de seguro se la debía a su ángel de la guarda.

3) Para vivir

Dios ha querido darnos una ayuda en nuestro caminar, y dispuso que cada persona cuente con la ayuda de un ángel. Dado que pueden aconsejarnos, suscitar imágenes o recuerdos, podemos acudir con frecuencia a ellos, por ejemplo, a no distraernos en nuestras oraciones, o incluso en cuestiones humanas. Sin coaccionarnos, nos persuaden sobre lo que hay que hacer o no hacer.

Cabría preguntarnos si los tratamos como a unos buenos amigos, y si les tenemos la reverencia debida.

Pbro. José Martínez Colín

Una historia en el parque


Había una vez un niño pequeño que quería conocer a Dios. Como sabía que el viaje hasta Su casa sería largo, puso en la valija varios paquetes de galletitas y seis latas de gaseosa. Así inició la marcha.

Después de recorrer dos o tres cuadras, vio a una anciana que estaba sentada en el parque, contemplando algunas palomas blancas. El niño se sentó junto a ella y abrió la valija. Cuando iba a tomar un sorbo de gaseosa, se dio cuenta de que ella tenía cara de hambre, por lo que le ofreció una galletita. Ella se la aceptó con gratitud, sonriente. Su sonrisa era tan... bella, que por verla otra vez, el niño le ofreció una de las latas de gaseosa. La anciana volvió a sonreír. El chico estaba encantado. Toda la tarde estuvieron allí, comiendo, sonrientes, sin decir palabra.

Al oscurecer, el niño sintiéndose muy cansado, se levantó para irse, pero apenas hubo andado unos pasos giró en redondo y corrió hacia la anciana para darle un abrazo. Ella le dedicó la mejor de sus sonrisas.

Poco después, cuando abrió la puerta de su casa, la madre se mostró sorprendida ante su expresión de felicidad.

"¿Qué hiciste hoy que te sientes tan feliz?", le preguntó.

"Almorcé con Dios". Antes de que su madre pudiera replicar, el niño agregó: "¿Sabes una cosa? Tiene la sonrisa más bella que te puedas imaginar".

Entretanto, la anciana también había regresado a su casa, radiante de alegría. Asombrado por la expresión de paz que irradiaba, el hijo le preguntó: "Mamá, ¿qué hiciste hoy que pareces tan feliz?"

"Comí galletitas con Dios en el parque". Y antes de que su hijo le respondiera, agregó: "Es mucho más joven de lo que yo esperaba".

                                                                     
                                                                                El Canal del Vaticano


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